Conversamos con el Ing. Agrónomo Hernán Candelero -miembro del equipo técnico de la Cooperativa- quien nos brindó algunas respuestas agronómicas referidas a la problemática del suelo en nuestra región.

“El problema de los suelos está un poco relegado porque estamos problematizados con la fertilización, sin conocimiento y sin una receta básica. Estamos mirando del suelo para arriba: cómo viene el cultivo, el problema de las malezas, etc”, comenzó Hernán.

El Ingeniero Agrónomo explicó que con la masificación de la siembra directa nos olvidamos de pensar en la extractividad que le estamos provocando al suelo. Por eso debemos, de una u otra manera, volver a pensar cómo repondremos los nutrientes y cómo recuperaremos la estructura de nuestro suelo.

En este sentido, Hernán destacó la importancia de “combinar siembra directa con labranza convencional, es decir, mezclar tecnología que conocemos pero que no estamos utilizando, para ponerla al servicio del suelo y de la producción agropecuaria”.

¿A qué debe estar atento el productor con respecto al suelo?

Hernán: Principalmente a la estructura del suelo, dado que se está compactando. Una de las razones es el laboreo y otra es el excesivo paso de las herramientas por suelos blandos. Además la falta de nutrientes hace que el suelo se compacte más fácilmente.

Por todo esto, el productor tiene que saber que si su suelo se está compactando, entonces está perdiendo fertilidad estructural y física, corriendo el riesgo de transformarlo en suelo improductivo.

¿Cómo ves el suelo en nuestra zona?

Hernán: Los suelos en nuestra zona todavía cuentan con fertilidad química bastante buena en relación al fósforo y al resto de los nutrientes, pero ya tienen deficiencias de calcio, magnesio, materia orgánica y un PH muy ácido. Esto último a causa de la gran extracción de calcio que se hace con alfalfa, soja y la alta rotación de los lotes dedicados a lechería y a cultivos para silos.

En estos casos no se están reponiendo todos los nutrientes que se están sacando. Eso es lo que hay que atacar de base.

Si bien la situación mejoró mucho en estos últimos años gracias a la incorporación de gramínea en la rotación, hay que mantener esta práctica.

Y especialmente empezar a ver al suelo como una parte integral. Esto implica tener en cuenta labores combinadas con siembra directa, mezclar nutrición de cultivos, nutrición del suelo con enmiendas, mejorar la rotación desde las raíces, que tienen que estar siempre vivas para que mantengan también vivo y activo a nuestro suelo. Todo esto conlleva una nueva fertilidad física.